La Columna de La Abuela Copucha

El otro día me contaron en la feria

Ay mijito, si yo le contara… el otro día me contaron en la feria, y no cualquier cosa, ¿ah? Porque la feria, m’hijo, es el verdadero parlamento del pueblo. Ahí no se necesita micrófono ni corbata: basta con una bolsa de tela y buen oído. Entre los gritos del casero y el olor a cilantro fresco, se discute de política, de amor, de salud y hasta del precio de la papa, todo con la misma pasión con que se elige la mejor palta.

Uno cree que va a comprar tomates, pero sale con la canasta llena de información fresquita, recién pelada del rumor. Y le digo algo: la feria sabe antes que los noticieros. Ahí la gente no miente, exagera con estilo, que no es lo mismo. La feria es el termómetro del barrio, el diario mural de la vida cotidiana.

Así que no me mire en menos cuando le diga que me enteré en la feria, porque ahí, entre la lechuga y el perejil, se cocina la verdad del pueblo.