La Columna de la Abuela Copucha

El té de

las opiniones

Ay mijito, si yo le contara… ayer me junté a tomar el tecito con la Michelle y la Cecilia, dos amigas de años, pero más distintas que la palta y el limón. La Michelle es de izquierda y la Cecilia de derecha, y como estamos en pleno ambiente de elecciones, imagínese usted cómo venían: con las opiniones más afiladas que cuchillo de feria.


Apenas puse las galletitas en la mesa, ya estaban alegando por quién había que votar. Una me decía que “este es el camino”, la otra que “el país necesita lo otro”, y yo, que no soy ni lesa ni de cartón, les dije que pararan el escándalo porque me estaban enfriando el té. Que yo mi voto lo decido al último minuto, como buena chilena que compara precios, mira etiquetas y revisa quién realmente lo puede hacer mejor.


Pero entre sorbo y sorbo, les recordé algo que a veces se les olvida: que no sacan nada con pelear. Porque gane quien gane, tiene que hacerlo bien; y pierda quien pierda, tiene que fiscalizar que el ganador no se duerma en los laureles. Si al final, m’hijo, este país no se construye a gritos, sino trabajando juntos, aunque uno sea rojo y el otro azul.


Así que cuando se fueron, les mandé un recadito envuelto en servilleta: que en vez de discutir tanto, hay que ponerse de acuerdo más seguido. Porque la democracia es como la feria: uno puede tener su casero favorito, pero al final todos dependemos de que a todos les vaya bien.