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Martes, Octubre 19, 2021

Crónica de un aborto en pandemia: “Si antes fue difícil ahora cuesta aún más”

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Julie Arredondo
Futura periodista. Amante de la fotografía, la música y el buen café.
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En el contexto del pasado 28 de septiembre, el Día de Acción Global por un Aborto Legal y Seguro, además de la aprobación de la Cámara Baja por la despenalización del aborto hasta las 14 semanas de gestación en Chile, se presenta la siguiente nota hecha en contexto de pandemia, a finales del junio del año 2020, acerca del testimonio de un aborto en casa en plena cuarentena, para recordar que las personas gestantes abortan con o sin pandemia y que la decisión de pocos en el poder nos ha llevado a precarizar la opción y vivencia de una opción personal y vulnerable en donde todo podría salir mal en el baño de tu casa.

La madre no sabía, así que lo tuvo que hacer un día de la semana cuando esta estuviera trabajando. Empezó el procedimiento cerca de las diez de la mañana “para que cuando ella (su mamá) llegara no me encontrara tan mal”.

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El proceso de aborto en Chile es lento, está penado por la ley y por lo tanto la información de cómo realizarlo no se encuentra fácilmente. La técnica parte con ingerir una pastilla de Mifepristona 36 horas antes y pasado los días poner bajo la lengua 4 pastillas de Misoprostol por media hora, después de eso escupirlas o tragarlas y esperar. 

Claudia tiene 20 años, hace un mes se enteró que estaba embarazada y luego de conversar con su pareja decidieron no llevarlo a cabo. Ahí comenzó un proceso de búsqueda en donde a través de una amiga llegó a obtener información de otra joven que había abortado antes. “Nunca supe que era tan común este tema, que existía un método con pastillas, yo no tenía idea”.

Así fue como por datos de sus conocidas llegó al Instagram de @conlasamigasyenlacasa, una cooperativa de mujeres que te acompaña en el proceso de aborto inducido voluntariamente. “Nos explicaron el pre, durante y post aborto. También qué era lo que teníamos que hacer y qué teníamos que tener en caso de emergencia”.

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La Ley N° 21.030 de la Constitución actual en Chile despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales; riesgo vital de la mujer, inviabilidad del feto para sobrevivir fuera del útero y violación. En una entrevista hecha por el medio 24 Prensa, Stephanie Otth  coordinadora de investigación de la corporación Miles y según una encuesta realizada por la misma comenta que, “En noviembre hicimos un levantamiento de información, tanto a usuaries como a trabajadores del área de salud, quienes evidenciaron una falta de stock disponible de fármacos, como Misoprostol y Mifepristona, en los servicios de salud públicos. Estamos hablando de mujeres que no tuvieron acceso a medicamentos para prevenir embarazos o interrumpir voluntariamente un embarazo bajo alguna de las 3 causales de aborto legal”.

¿Qué sucede cuando vives en un Estado que ni siquiera garantiza el derecho limitado al aborto? ¿Que pasa cuando los métodos de anticoncepción no son entregados en servicios de salud primaria? En otra encuesta “Sobre el acceso a la salud sexual y reproductiva” realizada por Miles entre el 20 y 29 de Abril de 2020 las personas que vieron dificultada la adquisición de métodos anticonceptivos fueron un 72% del universo encuestado en donde “36% de ellas no encontró stock disponible, 34% denunció que el recinto de salud no estaba prestando el servicio y el 30% vió aumentado el precio de anticonceptivos”. 

En esta misma encuesta la corporación declara: “Nos resulta preocupante, porque antes de la pandemia alrededor del 50% de los ingresos a control prenatal en el sistema público de salud se trataban de mujeres que no habían planificado el embarazo, cifra que podría aumentar con la falta de acceso. Un embarazo no planeado no solo expone a la mujer a aborto inseguro y complicaciones obstétricas, sino que además repercute en el proyecto de vida y en la falta de oportunidades futuras, perpetuando el rol de crianza y maternidad en las mujeres”.

“Quería terminar con todo este tema luego”, Claudia cuenta que por la pandemia la opción de comprar las pastillas no fue tan fácil, su pareja la acompañó y les costaron 50 mil pesos. “Le conté a mi hermana, ya después de comprar la pastilla, para que me acompañara porque por el tema de la pandemia no podía estar con mi pareja”. Después de la última dosis dice que la pasó mal, “tuve muchas ganas de vomitar porque eran asquerosas”, pasada la espera las pastillas comenzaron a hacer efecto y la sensación de Claudia empeoró, “muchos dolores, mucho sangrado, mal”.

Estuvo sangrando por 10 días y a pesar de lo fuerte que pudo haber sido la situación se mantiene firme con su decisión, “era lo que necesitábamos hacer, no estábamos listos para eso” y comenta también que “cuando me acuerdo me siento mal, pero más por todo el sufrimiento que pasé, por todos los dolores”. Está consciente de que este proceso lo han vivido muchas mujeres, “si existiera una ley que nos defendiera no tendríamos que pasar por todo esto” y al preguntarle si acompañaría a una persona en este proceso su respuesta fue rotunda: “ayudaría a cualquier mujer que tuviera que pasar por esto para que no tuviera que vivirlo sola”.

El nombre de la entrevistada fue cambiado para proteger la identidad de la protagonista del testimonio.

En caso de necesitar asistencia para abortar no sigas las instrucciones de este artículo, es un relato periodístico y la información no está completa. Puedes entrar al Instagram @conlasamigasyenlacasa en donde te ayudarán a resolver tus dudas.

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