
La Columna del Viejo Macuco
Ah, m’hijo, escuche bien lo que le voy a decir, que esto no se lo enseñan ni en la universidad ni en YouTube. Mi abuelo, un viejo de manos curtidas y lengua afilada, solía repetir: “En la vida, como en la calle, hay que ser más Vivaldi y menos Pavarotti.” Y vaya si tenía razón. Porque el mundo no premia al que canta bonito, sino al que sabe cuándo entrar con el violín y cuándo quedarse callado para no desafinar.
Ser Vivaldi es saber leer la partitura del momento: cuándo hablar, cuándo callar, y sobre todo, cuándo hacerse el tonto para pasar piola. Ser Pavarotti, en cambio, es creer que la vida es un escenario eterno y que todo el mundo vino a aplaudirte. Error, compadre: a veces el público ni te mira, y si desafinas, te bajan del escenario sin aviso.
Así que escuche al viejo macuco: camine liviano, afine el oído y toque su música sin hacer tanto ruido. La sabiduría no grita: susurra en tono menor.